viernes, 12 de agosto de 2011

La crisis del Antiguo Régimen (2ª parte)  en construcción

Hola a todos

En esta segunda entrada nos vamos a centrar en los aspectos ideológicos de esta etapa, fundamentalmente en el significado de la Ilustración y las características generales del movimiento ilustrado, así como los fundamentos del pensamiento político y económico ilustrado.

La Ilustración: definición y características
Podemos definir a la Ilustración como un “movimiento filosófico, literario y científico desarrollado en la Europa del s. XVIII que intentó modernizar la cultura y transformar la sociedad a través del uso de la Razón, único camino para llegar a la verdad y al progreso, y como fin último alcanzar la felicidad”.





El movimiento ilustrado fue minoritario pero muy influyente en su época. Tiene sus orígenes en las ideas renacentistas, en el naturalismo, en el racionalismo y en los grandes avances científicos del s. XVII (Newton, Descartes,…), y socialmente se encuentra vinculado a las nuevas fuerzas sociales emergentes, sobre todo a la burguesía. Sus características generales son las siguientes:

  • Visión crítica de la sociedad estamental.
  • Confianza ilimitada en la razón humana.
  • Búsqueda de la felicidad.
  • Rechazo de la revelación divina, de la tradición, de las costumbres e instituciones tradicionales.
  • Confianza en el progreso de la Humanidad gracias a la educación.

Dentro del movimiento ilustrado hubo una gran heterogeneidad de pensamientos, pero podemos señalar dos corrientes como mayoritarias:

  • La Ilustración deísta se considera como la ideología mayoritaria dentro del movimiento ilustrado. Se caracterizaba por lo siguiente:
- Ataque constante contra la Iglesia católica y la intolerancia que ésta representa, ya que no respeta la diversidad de opinión y pensamiento.

- La religión oficial es sustituida por una religión natural, el Deísmo, basada en la existencia de un “Ser Supremo”, común a todas las religiones e imposible de conocer por el hombre.

  • La Ilustración cristiana se considera como una corriente minoritaria dentro de la Ilustración. Se caracterizaba por lo siguiente:
- No reniega de la tradición, conciliándola con las nuevas teorías sobre la naturaleza del Universo.
- Crítica con ciertas actitudes e instituciones de la Iglesia, así como de las manifestaciones religiosas populares, pero no reniegan de su Fe.
- Defensores de las reformas dentro de la Iglesia.

Pensamiento político ilustrado. La Enciclopedia
Los pensadores políticos ilustrados se van a dedicar, fundamentalmente, a discutir sobre la mejor forma de organizar el Estado y la sociedad del Antiguo Régimen, buscando fórmulas para cambiar dichas estructuras, a las que consideraban totalmente obsoletas. 


Portada de "La Enciclopedia"
El pensamiento político ilustrado encuentra su fuente de inspiración ya en el s. XVII en la obra del pensador británico John Locke, considerado uno de los padres del empirismo y del liberalismo moderno al ser el primero, junto al también británico Hobbes, en defender ideas como la teoría del “contrato social” (la sociedad pacta voluntariamente con los gobernantes el sistema político bajo el cual quiere vivir) y la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial separados e independientes para evitar abusos de poder). También habla de la función de los gobiernos, cuya finalidad principal debe ser la de garantizar la felicidad, la seguridad personal y la propiedad privada de las personas, así como que esos gobiernos nunca deben estar por encima de los derechos naturales (vida, propiedad, felicidad,…), puesto que si ello ocurre es lícito que los súbditos se rebelen.


En la difusión de las ideas ilustradas fue fundamental la aparición de la Enciclopedia (1751-80), magna obra compuesta finalmente por 28 volúmenes (más seis suplementarios) con la que sus editores, Diderot y D’Alembert, pretendían recoger todo el saber y los conocimientos adquiridos por el hombre a lo largo de los siglos así como los principios generales de todas las artes y las ciencias existentes. Además, se criticaba a la sociedad y a las instituciones de la época, y difundía una nueva ideología para que las generaciones futuras fueran más felices. Los principales ilustrados de la época (Voltaire, Rousseau, Turgot,…) colaborarían en su realización.


A partir de la publicación del primer tomo de la Enciclopedia la actividad de los filósofos ilustrados se hizo incesante. De entre ellos destacan por su importancia tres:

  • Montesquieu: de familia noble, era un gran admirador del parlamentarismo británico, sistema que quería generalizar en el resto de países siempre teniendo en cuenta las particularidades de los mismos. Su principal aportación fue el desarrollo y establecimiento definitivo de la teoría de la separación de poderes (ejecutivo en manos del rey; legislativo en manos del Parlamento; judicial independiente). Por el contrario, no era partidario de la igualdad social, típico de su origen nobiliario. Su principal obra fue “El Espíritu de las Leyes” (1748).


    Portada de "El contrato social"
    • Voltaire: su obra se caracteriza por su profundo anticlericalismo y su crítica al fanatismo, la intolerancia y la superstición religiosa, sobre todo del catolicismo. Aparte, se muestra muy crítico con las instituciones de su época y con los abusos del absolutismo. A pesar de ello, tampoco estaba de acuerdo con la igualdad social.


      • Rousseau: su importancia radica en el desarrollo de la teoría del contrato social, que siempre debe actuar en beneficio del pueblo, exponiendo las bases del futuro régimen democrático: igualdad de derechos para todos, poder y leyes emanadas directamente del pueblo. Su principal obra es “El Contrato Social” (1762).

      Pensamiento económico ilustrado
      Va a suponer la crítica contra el modelo económico vigente, el Mercantilismo, que va a ser sustituido progresivamente por dos nuevos modelos económicos que se sucederán a partir de mediados del s. XVIII.


      El primero de ellos es la Fisiocracia, también conocido como “liberalismo agrario”, modelo de escasa duración cuyo máximo teórico fue el francés Quesnay. El fisiocratismo parte de la base de que la riqueza de las naciones se encuentra en la agricultura, en la producción de la tierra, no en la posesión de metales preciosos. Así, el principal grupo social es el de los propietarios de la tierra y los cultivadores, mientras que el resto (industriales, comerciantes) son personas “estériles” pues no producen verdadera riqueza. Defienden la no intervención, en lo posible, del Estado en economía, por lo cual se les considera como antecesores del liberalismo económico.

      Esquema de la teoría fisiocrática

      El francés Turgot, discípulo de Quesnay, será el iniciador del liberalismo económico en Francia, defendiendo la libertad del individuo frente a los Estados a la hora de producir y comerciar (laisser faire, laisser passer, le monde va de lui même).


      Sin embargo, los verdaderos “padres” del liberalismo económico fueron una serie de pensadores británicos que van a apoyar al máximo la libre actividad económica de los individuos frente al papel controlador del Estado, la libre competencia y el libre funcionamiento de la economía a través de las leyes de mercado (oferta/demanda). Destacan cuatro autores:

      • Adam Smith: verdadero creador del liberalismo económico. Para él, el trabajo es la fuente principal de riqueza de una nación. Dio su teoría sobre el valor de las cosas (el valor de las mercancías depende de la cantidad de trabajo necesario para producirlas). El Estado no debe intervenir en la economía.

        • Thomas Malthus: pesimista, en su teoría cree que la población crece de forma geométrica y los alimentos sólo de forma aritmética, lo que cual llevará en el futuro a la escasez (es un antinatalista convencido). Será contrario a la beneficencia pública (hará crecer en demasía al pueblo, acelerando el camino hacia la pobreza).

            • David Ricardo: da también su teoría sobre el valor de las cosas (el valor de las mercancías depende de su coste de producción, no de la cantidad de trabajo necesario para producirlas).

              • John Stuart Mill: para él el Estado no debe intervenir en el mercado, pero sí en ciertos aspectos como la educación o la regulación laboral, para evitar posibles crisis en el sistema.





                jueves, 11 de agosto de 2011

                LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1ª parte) en construcción

                Hola a todos

                A continuación vamos a pasar a desarrollar los contenidos temáticos de la Unidad 1 a través de dos entradas. La primera de ellas estará centrada en la definición del concepto de Antiguo Régimen, su localización espacio-temporal, así como los aspectos políticos, económicos y sociales más característicos de esta etapa de la Historia.

                Definición
                El término de “Antiguo Régimen” fue creado por los miembros de la Asamblea Constituyente francesa en 1790 haciendo referencia a las instituciones y formas prerrevolucionarias que debían ser abolidas. Por extensión, se puede definir como la “forma de organización social, política y económica típica de los países europeos desde principios del s. XVI hasta finales del s. XVIII”, caracterizada por un modelo político característico (monarquía absoluta), una sociedad de corte estamental y una economía de corte señorial basada fundamentalmente en la agricultura.







                Sistema político: absolutismo y parlamentarismo
                Como hemos citado arriba, el sistema político característico del Antiguo Régimen es la monarquía absoluta, que tiene sus orígenes en la progresiva concentración de poderes que los monarcas van adquiriendo a partir de la segunda mitad del s. XV y que dará lugar a la llamada “monarquía autoritaria”, típica forma de gobierno del s. XVI. El modelo de monarquía absoluta, que se generaliza por toda Europa a partir del s. XVII, presentaba las siguientes características generales:
                Luis XIV de Francia

                • Son monarquías de origen divino: los monarcas sólo se consideran responsables de sus actos ante Dios.
                • Escasos límites legales a la autoridad real: nombra a los funcionarios de la Administración y a los mandos del Ejército. Existen instituciones representativas del reino (Cortes, Dietas, Estados Generales), pero no suelen ser convocadas con regularidad.
                • Nobleza y alto clero, que forman la Corte del rey, aconsejan y asesoran al monarca, pero su labor es básicamente consultiva.


                Catalina II de Rusia
                Ya en el s. XVIII, las críticas de los ilustrados a este modelo de gobierno influyó en algunos monarcas, caso de Carlos III en España o de Catalina II en Rusia, quienes establecieron un nuevo modelo de gobierno aunque sin cambiar las estructuras fundamentales del absolutismo. Esto es lo que ha venido a denominarse como Despotismo Ilustrado (“Todo para el pueblo pero sin el pueblo”), promoviéndose algunas reformas económicas y sociales que sólo tendrían un relativo éxito en el campo administrativo.

                Aunque el modelo de gobierno absoluto es general a todas las grandes monarquías europeas, podemos encontrar algunos países donde las prerrogativas reales estaban muy limitadas por sus Parlamentos nacionales. Los mejores ejemplos de Parlamentarismo durante el Antiguo Régimen fueron:

                Bill of Rights de 1688
                • Gran Bretaña: el convulso s. XVII en las islas británicas terminará con el triunfo del parlamentarismo con la caída de los Estuardo tras la Revolución Gloriosa de 1688-89. La nueva dinastía de los Orange vería en adelante limitados sus poderes por el control parlamentario establecido en la Declaración de Derechos (Bill of Rights). Ejecutivo y legislativo estarán separados en adelante, sirviendo como modelo para las nuevas ideas políticas surgidas en el siglo posterior.
                • Holanda: era una república de carácter oligárquico formada por varias provincias cuyos representantes, reunidos en la Asamblea, dirigían junto al estatúder (jefe de Estado) el país.

                Sistema económico: el Mercantilismo
                Agricultura y ganadería siguen siendo la base económica durante estos siglos, manteniéndose el señorío como la forma típica de explotación de la tierra, donde los campesinos trabajaban en condiciones de semiesclavitud. Son actividades realizadas a la manera tradicional, técnicamente muy atrasadas y con una productividad muy baja, insuficientes para alimentar adecuadamente a la población (así, serán numerosas las hambrunas y crisis de subsistencia durante todo el periodo.

                Los escasos núcleos industriales se encontraban en las ciudades, y estaban controlados por los gremios (corporaciones de oficio), que regían estrictamente las actividades artesanales. En el campo, los campesinos tenían que recurrir al llamado “domestic system” (confección de productos en sus propias casas).

                A pesar de que la red de comunicaciones era escasa y los medios de transporte rudimentarios, las actividades comerciales experimentaron un enorme crecimiento, sobre todo durante el s. XVIII y gracias al desarrollo del comercio colonial (comercio triangular entre Europa, África y América). La expansión comercial favoreció la ampliación de los mecanismos de crédito, de las compañías de comercio y de los bancos, desarrollándose en el s. XVIII las primeras sociedades mercantiles (de ahí que a este periodo preindustrial se le conozca como el del capitalismo comercial).

                Esquema del llamado "comercio triangular" entre Europa, América y África

                Colbert
                El Mercantilismo es la filosofía económica característica del Antiguo Régimen. Parte de la idea de que la riqueza de las naciones depende de la cantidad de metales preciosos (oro y plata) que posea, por lo cual desde el Estado se va a fomentar la exportación de productos y se van a poner trabas a las importaciones y al comercio interior (proteccionismo de manufacturas y comercio a través de altos aranceles que impedían que se vendieran en el imperio o en la metrópoli artículos extranjeros más baratos que los propios). Se defiende también la intervención estatal en asuntos económicos (creación de manufacturas estatales, por ejemplo). Los mejores ejemplos de mercantilismo fueron el colbertismo francés o las Actas de Navegación británicas (1651 en adelante).

                Sociedad estamental: privilegiados y no privilegiados
                Demográficamente hablando, el Antiguo Régimen forma parte del ciclo demográfico antiguo, caracterizado por una natalidad y mortalidad muy alta (falta de higiene, hambrunas, escasos avances médicos, epidemias cíclicas, continuas guerras…) que generan un crecimiento muy lento de la población, que no empieza a acelerarse hasta la segunda mitad del s. XVIII.

                El modelo social del Antiguo Régimen es la llamada sociedad estamental, donde los distintos grupos sociales se encuentran fuertemente jerarquizados y divididos en estamentos (grupos supuestamente cerrados de personas, al que se pertenecía por nacimiento, que comparten los mismos privilegios o deberes). La característica fundamental de este modelo social es la desigualdad civil, que suponía la división de la población en dos grupos diferenciados: los privilegiados (nobleza y clero. Gozaban de derechos, sobre todo la exención en el pago de impuestos) y los no privilegiados (pueblo llano. Sin derechos, y además los únicos que sostienen el erario público). Los tres estamentos existentes son los siguientes: 

                Esquema piramidal de la sociedad estamental
                • Nobleza: estamento teóricamente cerrado al que se accede por nacimiento (“nobleza de sangre”) o por concesión real (plebeyo ennoblecido por servicios al rey, llamada “nobleza de toga”). Representaban escasamente el 2-3% del total de la población, pero eran los dueños de la mayor parte de las tierras. Entre sus privilegios destacan: no pagan impuestos, eran juzgados por tribunales especiales, se reservan los altos cargos militares y administrativos, disponen de privilegios de honor,…
                • Clero: el primer estamento por motivos honoríficos, sobre todo en los países católicos. Representaba escasamente al 1% de la población total. Es un estamento también teóricamente cerrado, pero bastante más abierto en la práctica que el nobiliario. Comparte la mayoría de los privilegios de la nobleza, viviendo fundamentalmente de los ingresos que le proporcionaban el diezmo y las rentas de sus numerosas propiedades. Dentro de este estamento podemos diferenciar dos grupos: el alto clero (dignidades eclesiásticas como obispos, cardenales o abades. Son segundones de las familias nobiliarias, viviendo con el lujo de éstas) y el bajo clero (sacerdotes, párrocos y monjes provenientes de familias campesinas. Vivían modestamente pero tenían algunos privilegios jurídicos por pertenecer a este estamento).
                • Estado llano: conocido como Tercer Estado en Francia, integraba a la mayoría de la población. Agrupaba a sectores sociales muy diferentes, sobre todo económicamente hablando, teniendo como factor común la falta de privilegios, fundamentalmente el hecho de ser los únicos que pagan impuestos y mantienen todos los gastos del Estado. El grupo está formado por dos sectores sociales: burguesía (comerciantes, funcionarios, artesanos,… Grupo fundamental en el ámbito urbano y de donde partirán las nuevas ideas que a partir del s. XVIII empezarán a cambiar las tradicionales estructuras del Antiguo Régimen) y campesinos (desde libres hasta siervos, estos últimos sobre todo en la Europa Oriental o en países como España).
                P.D.: interesante enlace donde podemos observar, a través de escenas de películas, las diferencias existentes entre los grupos que formaban la sociedad estamental.

                  sábado, 2 de abril de 2011

                  JUNTOOOS, COMO HERMANOOOS….

                  Hola a todos


                  Francisco Franco
                  Aprovechando la letra de este evocador himno religioso, me propongo hoy escribir acerca de un acontecimiento ocurrido durante nuestra Guerra Civil que marcará un antes y un después en el devenir político de España durante cerca de cuarenta años. Me refiero a la promulgación, el 19 de abril de 1937, del llamado Decreto de Unificación, por el cual el Generalísimo Franco disolvía de un plumazo el pluripartidismo en la zona “nacional” y creaba, siguiendo el modelo fascista italiano, un único partido (considerado más como “Movimiento Nacional” que partido político al uso) conocido a partir de entonces como Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Veamos más detenidamente cómo discurrieron los acontecimientos.

                  Queipo de Llano
                  A pesar del fracaso a la hora de tomar Madrid (finales de 1936), para principios de la primavera de 1937 la situación no pinta nada mal para los sublevados, aún más tras la toma de Málaga en febrero. Sin embargo el general Franco, jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos sublevados desde el 1 de octubre de 1936 (en sustitución de la Junta de Defensa Nacional), así como sus asesores más cercanos, consideraban que la creación de un nuevo Ejército cada más numeroso y organizado, donde la aportación  de los falangistas y los carlistas cada vez era mayor, no podía menos que acabar generando rencillas y rivalidades que no solo podían afectar al esfuerzo de guerra, sino también a la ambición política del propio Franco, que podía ver eclipsada su posición, bien por los líderes de estos grupos, bien por algunos de sus compañeros de armas, fundamentalmente Queipo de Llano y Mola, cada vez más arrepentidos de haberle cedido el poder absoluto el año anterior.









                  En principio no debería de haber tenido Franco ninguna oposición a su idea. Los principales líderes del carlismo, de los monárquicos y de la Falange estaban o muertos (caso de José Antonio Primo de Rivera o de José Calvo Sotelo), o bien habían desaparecido de la escena política (caso del carlista andaluz Manuel Fal Conde, que había tenido que marcharse al exilio a Portugal tras intentar crear una Academia Militar exclusiva para los requetés carlistas, cosa que fue terminantemente prohibida por Franco). Sólo el líder de la CEDA, José María Gil-Robles, que permanecía en Francia, podría haber sido una figura opositora al Caudillo, pero pronto se le orquestó una campaña de desprestigio que anuló su posible influencia dentro de la zona nacional.

                  Cartel de la Falange
                  En general, parecía evidente para todas las facciones que más pronto o más tarde sería inevitable organizar alguna estructura política que unificara la zona nacional, aún más cuanto que el desastre en Guadalajara (marzo de 1937) hacía presagiar una guerra más larga de lo esperado. El artífice de la reorganización general del nuevo Estado franquista sería el cuñado de Franco, Ramón Serrano Súñer, joven y prestigioso abogado que había conseguido escapar de la represión republicana hacia la zona nacional, donde llegó en febrero de 1937 siendo pronto reclamado por su cuñado para organizar la necesaria maquinaria política de la que carecía la zona nacionalista. Pronto se convirtió en una figura de indudable peso dentro del entramado franquista por su cercanía al Caudillo y por su propio carisma, aunque su estrella política acabaría por apagarse en los primeros años de la dictadura.

                  Serrano Súñer, Franco y Mussolini
                  Es Serrano Súñer quien abre el camino para apuntalar el poder personal de Franco. Rápidamente se puso en contacto con los principales líderes de las distintas facciones existentes en la España nacional (el conde de Rodezno por los carlistas, Manuel Hedilla por la Falange, Pedro Sáinz Rodríguez por los monárquicos, y el cardenal primado Gomá por la Iglesia) para ir tanteando la situación. Mientras ello sucedía, Franco observaba pacientemente cómo las distintas facciones y personalidades tomaban posiciones ante los inminentes cambios, apareciendo las disputas internas, sobre todo en la Falange, donde el más radical Hedilla debía enfrentarse a la oposición de sectores contrarios a que la Falange se plegara a los deseos de Franco, encabezados por Sancho Dávila y Agustín Aznar. Las luchas de poder internas en la Falange, con luchas fratricidas pistola en mano en las calles de Salamanca (17 de abril de 1937) facilitaron las cosas a Franco, que utilizó estas luchas como excusa perfecta para hacerse él mismo con el mando directo de la Falange tras su fusión.

                  Bandera de FET de las JONS
                  El 19 de abril se hizo público el Decreto de Unificación, elaborado por Franco y Serrano Súñer con el acuerdo de los generales Queipo de Llano y Mola, pero sin contar con la aquiescencia de los líderes de los partidos respectivos. Según los términos del Decreto, la Falange se unificaba forzosamente con los carlistas para formar un partido único: Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). El decreto establecía a Franco como jefe absoluto de la nueva organización, constituida, entre otros organismos, por una Junta Política que actuaría como dirigente pero cuyos integrantes serían personas afines al propio Franco. La débil resistencia que opusieron algunos, caso de Hedilla y otros, fue rápidamente sofocada con detenciones y juicios por traición que llevaron a muchos, entre ellos al propio Hedilla, a pasar varios años en la cárcel (tras serle conmutada la pena de muerte inicial) y posteriormente al exilio, desapareciendo de la escena política nacional para siempre. El resto de líderes falangistas, como Pilar Primo de Rivera, Raimundo Fernández Cuesta o José Luis de Arrese, aceptaron los hechos consumados y se convirtieron en fieles aduladores de Franco. El Movimiento, como a partir de ahora empezaría a ser conocido el nuevo partido único, perdió toda su autonomía política e ideológica, quedando en adelante como mera cantera de “cuadros” para la Administración franquista. El resto de grupos (monárquicos, carlistas,…) aceptaron las circunstancias con mayor o menos agrado (estos últimos hasta que recibieron importantes cargos dentro de la Administración). La figura política de Franco salía consolidada y reforzada. Las bases de su poder omnímodo estaban puestas: Generalísimo de los Ejércitos, jefe del Estado, jefe del Gobierno y jefe nacional de la FET. Sus aduladores, más todo el aparato propagandístico del que se rodeó, terminarían por convencerle del papel histórico que le tenía designada la providencia. Sólo la República, con su resistencia en todos los frentes, se oponía a sus deseos. El resto ya es Historia.








                  P.D.1: Sirva esta entrada como homenaje a la labor del hispanista Paul Preston, cuya obra Franco "Caudillo de España" (1993), ha servido de fuente de investigación para este trabajo.
                  P.D.2: Podéis entrar aquí y realizar este breve cuestionario como repaso de algunos aspectos fundamentales de la guerra civil.

                  lunes, 21 de marzo de 2011

                  ¡CAMARERO, CERVEZA PARA TODOS!

                  Hola a todos

                  Babilonios bebiendo cerveza
                  En este país nuestro es común que, alrededor de una cerveza bien fresquita, discutamos sobre la vida y la muerte, y sobre todo de lo que hay entre ambas situaciones: deportes, el tiempo, cómo te va el trabajo, hay que ver lo cansinos que son los niños,…, y por supuesto de política. Esto que resulta tan cotidiano se viene haciendo, salvando las distancias históricas, desde que a mediados del IV milenio a.C. los elamitas (del territorio de Elam, en la actual Irán) decidieron fermentar cebada ( o más bien pan de cebada) con agua (o eso al menos son los datos más antiguos que se conocen de dicha bebida refrescante que por aquellos tiempos era bastante más densa y nutritiva que la actual).

                  Pero no vamos a tratar de la cerveza en esta entrada, sino del llamado “Putsch de la Cervecería”, “Putsch de Múnich” o “Hitlerputsch”, acontecimiento que, aunque no tuvo por aquel entonces ninguna trascendencia histórica a destacar, nos va a servir para conocer un poco más el inestable ambiente político y social que vivió Alemania tras el final de la Gran Guerra y, sobre todo, los inicios políticos de uno de los personajes más denostados de la Historia más reciente, el austriaco Adolf Hitler.


                  Firma del Tratado de Versalles
                  La recién estrenada República Alemana (posteriormente conocida por la historiografía como República de Weimar por ser ésta la localidad de Turingia donde se aprobó la nueva Constitución el 31 de julio de 1931), surgida de las cenizas del II Reich alemán tras la abdicación del káiser Guillermo II el 8 de noviembre de 1918, aparece como un Estado débil en el que pocos creen y que tiene que hacer frente no solo a unos enemigos exteriores que se preparan para acusarla de ser la única autora de la guerra y hacerla pagar por tal motivo (en los más de 440 artículos que componen el Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, quedan bien claras todas estas circunstancias), sino sobre todo a la oposición frontal tanto de la extrema izquierda como de la derecha alemana, cada una de las cuales con una idea bien distinta del futuro que quieren para su país.

                  Los freikorps en acción
                  En efecto, los grupos revolucionarios de ideología bolchevique, encabezados por la Liga Espartaquista (posterior Partido Comunista Alemán a partir del 30 de diciembre de 1918), desean crear una república de corte soviético que ponga en marcha la tan ansiada revolución obrera en el país. Sin embargo, su intentona (“revolución espartaquista” durante la primera quincena de 1919) termina en fracaso cuando el gobierno socialdemócrata lance a los freikorps (grupos paramilitares ultranacionalistas formados por antiguos combatientes) a una cruel represión que terminará con el asesinato de los principales líderes revolucionarios (Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg). La posterior intentona en Baviera de crear una República Consejista de inspiración anarquista (abril-mayo de 1919) sería la última oportunidad de la izquierda revolucionaria por hacer caer al país en la bolchevización.

                  Es la derecha del país, la más nacionalista y ultraconservadora, la que más va a intentar en los primeros años de vida de la República acabar con ésta para establecer un gobierno de corte dictatorial que devuelva el orgullo y la dignidad a la nación alemana, perdido, según ellos, tras la “puñalada por la espalda” que supuso la firma de las condiciones impuestas en Versalles. La primera intentona se producirá el 13 de marzo de 1920 y es el conocido como “putsch de Kapp”. Ese día el general von Lüttwitz y el alto funcionario Wolfgang Kapp, aprovechando el profundo descontento que reinaba en el nuevo Ejército alemán salido de las condiciones de Versalles (el Reichswehr), ocupan los principales centros de poder en Berlín, consiguen hacer huir al gobierno y ocupar la cancillería. Sin embargo el éxito es efímero pues los grupos obreros y ciudadanos consiguen convocar una exitosa huelga general en Berlín que consigue paralizar por completo la capital, forzando la caída del gobierno de Kapp. A pesar de las circunstancias, no se puede considerar un completo fracaso a este golpe de Estado, pues el gobierno de Weimar aceptará aplicar la mayoría de las condiciones exigidas por los militares.


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                  En aquellos años es la región de Baviera una de las más politizadas del país y en la que más grupúsculos ultranacionalistas están surgiendo al amparo de un gobierno regionalista claramente antirrepublicano y anticomunista. Es allí donde inicia su carrera política Adolf Hitler, un cabo que tras finalizar la guerra, y teniendo en cuenta sus capacidades como orador, le es encomendada la tarea de “reeducar” a las tropas que están muy cercanas a caer en las manos de bolchevismo. En esa tarea entra en contacto con el recién creado Partido Obrero Alemán (DAP), partido ultranacionalista al que se afilia en octubre de 1919. Su innata capacidad como orador y organizador le lleva a escalar rápidamente en el partido hasta hacerse con su jefatura en julio de 1921.

                  Hitler en la Bürgerbräukellerrr
                  El punto clave nos lleva al 11 de enero de 1923, cuando las tropas francesas deciden unilateralmente cruzar la frontera común y ocupar la Región del Ruhr, con cuyas riquezas mineras pretenden cobrarse los pagos adeudados por el gobierno alemán según lo firmado en los tratados de paz. La ocupación fue inmediatamente condenada por el resto de países de la comunidad internacional, y por supuesto por los grupos ultranacionalistas alemanes, que protestaron ante el gobierno de la República por su pasividad frente a dicha invasión. La tibia respuesta del gobierno exacerbó los ánimos de estos grupos, que prontamente empezaron a conspirar para intentar derribar al gobierno.

                  Uno de esos grupos es el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), nuevo nombre adoptado por el DAP en 1920. Hitler lanza sus proclamas incendiarias contra el gobierno en las cervecerías muniquesas, lugares donde se solían celebrar las reuniones políticas del momento. A lo largo de todo el año 1923 Hitler se pone en contacto con las distintas fuerzas y grupos conservadores de la región, incluidos los jefes de policía y de la Reichswehr, así como con líderes históricos del conservadurismo como el general Ludendorff, el antiguo dirigente durante la guerra. Las circunstancias del país se ponen del lado de Hitler. La crisis política y económica aumenta durante el verano y el otoño, con unas tasas de desempleo y una hiperinflación galopante que asfixia cualquier intento de recuperación del país. El peligro de golpe de Estado liderado por Hitler es permanente, y ello es conocido por las autoridades muniquesas, que prohíben cualquier acto público del partido y de su líder.

                  Cartel propagandístico de las SA
                  Sin embargo, y teniendo como referente el éxito de la “Marcha sobre Roma” de Mussolini (octubre de 1922), Hitler decide actuar para establecer un gobierno en Baviera y avanzar posteriormente hasta Berlín y derribar la República. En la tarde del 8 de noviembre de 1923, aprovechando que el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr, estaba pronunciando un discurso en la cervecería Bürgerbräukeller, los guardias de asalto de Hitler (miembros de las SA), armados incluso con una ametralladora pesada, interrumpen el discurso. Es el propio Hitler quien, disparando su propia pistola, proclama a los allí presentes que había estallado la revolución nacional, que el gobierno bávaro quedaba depuesto, y que se formaba un gobierno provisional del Reich dirigido por él mismo y con Ludendorff como jefe del Ejercito. Pero la urgencia y la descoordinación con la que se planeó el golpe eran evidentes, por lo que los acontecimientos de esa noche acabarían por dar al traste con la asonada. La central telefónica no había sido ocupada por las milicias de Röhm (jefe de las SA), por lo que el jefe del Reichswehr en la región, Lossow, pudo pedir rápidamente la llegada a la ciudad de tropas leales procedentes de las localidades cercanas; lo mismo sucedió con la policía. La solución de los desorientados golpistas fue la de, a la mañana siguiente, celebrar una gran manifestación que avivase el entusiasmo popular por el golpe, y de paso conseguir que el Ejército, ante la perspectiva de tener que disparar contra el héroe de guerra Ludendorff, cambiase de actitud. Una vez conseguido esto, el camino para una marcha triunfal sobre Berlín estaría abierto. Pero todo era una ilusión. El fervor popular que se había observado en la Bürgerbräukeller y en la Löwenbräukeller (otra cervecería cercana) la noche antes se había disipado por la mañana. Cuando los sublevados avanzaron hacia el lugar de concentración, al final de la Residenzstrasse, la policía concentrada allí comenzó a disparar contra los golpistas, iniciándose un breve tiroteo que terminó con catorce golpistas y cuatro policías muertos. Hitler, herido (pudo haber muerto pues su compañero en la fila si cayó cadáver por un disparo certero, ¡Cómo podía haber cambiado la Historia si el disparo se hubiese desviado unos centímetros más!), fue rápidamente detenido, así como otros líderes como Röhm o el propio Ludendorff; otros muchos consiguieron escapar cruzando la frontera con Austria.

                  Y así termina esta primera gran actuación política de Hitler. Si se hubieran cumplido los pronósticos, su estrella política tenía que haberse apagado definitivamente con este acontecimiento. Pero la República de Weimar era un gobierno débil. La farsa de juicio llevó a Hitler a pasar un breve periodo de tiempo en la cárcel de Landsberg, donde tuvo el suficiente tiempo libre para comenzar a redactar su libro-ideario, el Mein Kampf ("Mi Lucha"). La recuperación económica del país y la reconciliación con Francia (“Espíritu de Locarno” a partir de 1925) deberían haber terminado definitivamente con cualquier ilusión de alcanzar alguna vez el poder para los nazis. Ya sabemos cómo transcurrió la Historia y hasta dónde llevó al mundo la locura de este personaje. Lo que sí hizo el régimen nazi una vez ostentó el poder fue el convertir el aniversario de este acontecimiento en recordatorio de la lucha del partido por alcanzar el poder, siendo el propio Hitler el protagonista con un discurso anual en la cervecería en el que recordaba a los primeros caídos del nazismo (evidentemente los hechos eran contados de una manera distorsionada ensalzando el acontecimiento). Incluso en noviembre de 1939 fue objeto de un atentando fallido en ese mismo lugar, uno de los mucho a los que sobrevivió Hitler.


                  La Historia pudo cambiar con lo sucedido en esa cervecería muniquesa. ¿Acaso no eso, cambiar el mundo, lo que intentamos hacer muchas veces alrededor de una cervecita bien fría? Bebed con moderación que después las consecuencias son fatales, como la Historia bien recoge en sus extensas páginas.

                  P.D.: El archivo sonoro es del canal Memoria Histérica. Al principio parece que no tiene mucho que ver con el asunto es cuestión, pero solo es apariencia. En cuanto a la presentación, tened en cuenta que ¡hay que fomentar el bilingüismo!


                  sábado, 12 de marzo de 2011

                  VOCES DE LA HISTORIA

                  Hola a todos

                  Si hay algún acontecimiento de nuestra historia más reciente que sea recordado continuamente, y siempre con una gran carga polémica, es nuestra Guerra Civil (1936-39). La contienda, que dividió a España en dos durante tres largos años y cuyas consecuencias, aún hoy día, siguen estando palpables en muchas conciencias de nuestra sociedad, ha sido estudiada hasta la saciedad tanto por autores españoles como extranjeros, y siempre, según mi opinión, con una marcada influencia de la ideología política del autor. Las víctimas, tanto las pasadas como las presentes, de uno u otro bando, son las que importan, y esas ya no están aquí para contarnos su verdad.


                  View more presentations from Marta López

                  No es intención de este artículo resumir la Guerra Civil, ni hablar de sus motivos o consecuencias. No. Voy a referirme a Belchite, una pequeña localidad aragonesa próxima a Zaragoza donde, durante apenas una quincena de calurosos días del verano de 1937, las tropas nacionales y republicanas tuvieron un feroz choque. El ejército republicano se lanzó a la ofensiva en este sector con un objetivo doble:

                  • Lanzar una ofensiva de distracción: tras la caída del País Vasco en junio, las fuerzas franquistas estaban a punto de lanzar su último esfuerzo por cerrar el Frente Norte ocupando Asturias y Cantabria.
                  • Eliminar la influencia anarquista en la zona: en efecto, desde septiembre de 1936 son los anarquistas quienes controlan efectivamente el territorio aragonés tras la creación del llamado Consejo Regional de Defensa de Aragón, dirigido por Joaquín Ascaso. Este gobierno libertario estaba proporcionando numerosos problemas no solo al Gobierno republicano sino también al catalán. Tras los sucesos de mayo en Barcelona, cuando la influencia anarquista fue eliminada de la ciudad, los comunistas presionaron para que el anarquismo fuera eliminado como fuerza de peso dentro de la República. Así, se decidió aprovechar esta ofensiva para aumentar el número de efectivos republicanos en la zona y eliminar las comunas anarquistas del territorio aragonés.

                  Ruinas de Bechite
                  Por su parte, el ejército “nacional” vuelve a aceptar el envite que le hace la República con la consigna de no ceder ni un ápice de territorio a los “rojos”, aunque esta vez sin distraer recursos humanos o materiales, tal como había ocurrido en julio cuando el ejército republicano se lanzó sobre la localidad madrileña de Brunete, una cruenta batalla que solo supuso nueva “sangría” de efectivos sin resultados significativos para ambos bandos.

                  Sería farragoso detenerse en los aspectos técnicos de la batalla de Belchite, las fuerzas enfrentadas, las tácticas,… Solo decir que, como ocurrió durante toda la contienda, los soldados de ambos bandos, aquellos que compartían una misma tierra, una misma tradición, un mismo pasado, pero una ideología distinta que les separaba sin solución, volvieron a luchar hasta la muerte con valentía y espíritu de sacrificio sin igual.


                  Es de este dolor, del miedo, del sufrimiento, de la valentía, de lo que vamos a hablar. De todo eso que sintieron los combatientes de ambos bandos, porque todo eso es común a cualquier persona sea cual sea su ideología, raza o religión, porque es consustancial al ser humano, porque es lo natural en esas circunstancias, porque es lo que te puede hacer sobrevivir en una guerra…, o hacerte morir como un héroe (aunque no sé muy bien qué significa eso de “morir como un héroe”; simplemente se muere, y punto. El recuerdo de tus seres queridos es quien te convierte en héroe o quien te manda al ostracismo de los olvidados, que es quizás ir un paso más allá de la simple muerte).

                  Ruinas de Belchite
                  Para algunos, todos esos sentimientos se quedaron grabados en las piedras del viejo pueblo de Belchite, ese viejo lugar que el vencedor, Franco, prefirió dejar abandonado y en ruinas para que quedara como recuerdo del conflicto, de los soldados que murieron allí (de su ejército, evidentemente), y de la “barbarie” de los perdedores (el pueblo nuevo de Belchite se construyó a escasos kilómetros del antiguo y fue inaugurado en 1954 por el propio Franco). Cuentan muchos que han pernoctado entre sus ruinas (no me preguntéis por qué) que en el silencio de la noche se pueden escuchar lamentos, ruidos de cañonazos, advertencias, gritos, scombates,… Sonidos imperceptibles que investigadores provistos de grabadoras y tecnología adecuada han conseguido recoger en edificios emblemáticos de la localidad como el Ayuntamiento o la torre de la iglesia, y que han convertido al Pueblo Viejo de Belchite en lugar de peregrinación de curiosos y aficionados a la psicología y, por qué no, a las “emociones fuertes”.


                  Ruinas de Belchite
                  Creo que esto es pura anécdota. La mente humana es muy compleja y la sugestión hace mucho. Las psicofonías están ahí, eso es indudable. Yo, desde luego, no tengo intención alguna de comprobar su veracidad, pero quería aprovechar esta “leyenda urbana” para recordar un episodio algo más desconocido que otros de nuestra Guerra Civil, y sobre todo para que no dejemos de recordar que no hace mucho, en este país en el que vivimos, nos enfrentamos entre sí porque no supimos encontrar una fórmula de convivencia adecuada para todos, porque no supimos dialogar, porque no supimos escuchar, porque no supimos respetarnos, porque, al fin y al cabo, no supimos ni quisimos vivir en democracia, en paz y libertad. Inculquemos estos valores a nuestros alumnos: quizás no aprendan Historia, pero al menos aprenderán a ser personas, que a la postre debe de ser nuestro objetivo como educadores.